"Una ciencia es tanto más útil cuanto más universalmente pueden comprenderse sus producciones; y, al contrario, lo serán menos en la medida en que éstas sean menos comunicables". Leonardo Da Vinci

El Día de la Tierra fue celebrado por primera vez el 22 de abril de 1970 y significó el triunfo de una sociedad unida por un mismo objetivo: la salud del planeta. Impulsado por el senador y ecologista estadounidense  Gaylord Nelson. El Día de la Tierra nos recuerda que todos compartimos el mismo planeta, busca que cada individuo tome conciencia de la importancia de su participación para cuidar y preservar los recursos naturales que tenemos.

Actualmente,   a pesar de que muchas veces leemos sobre catástrofes climatológicas inminentes, puede sorprendernos que en el  Día de la Tierra las personas que se preocupan por el medio ambiente, en realidad tienen mucho que celebrar. Considere esto: En casi todos los países desarrollados, el aire es más respirable y el agua potable es más de lo que era en 1970. En la mayor parte del Primer Mundo, la deforestación se ha convertido en reforestación. Por otra parte, el porcentaje de desnutrición se ha reducido, y la gente cada vez más tiene acceso al agua potable.

Los activistas ambientales tienden a preocuparse por el uso de fertilizantes y pesticidas. Pero hay que tomar en cuenta que sin el rendimiento de las prácticas agrícolas que éstos han generado durante los últimos 60 años, prácticamente todos los bosques del mundo tendrían que haber sido talados para dar paso a la producción de alimentos.

A pesar de esto, hoy la preocupación principal de los ambientalistas es el calentamiento global y cómo reducir las emisiones de gases que lo producen. Pero ¿es el cambio climático el único problema al que nos enfrentamos? ¿Qué sucede con la contaminación del aire dentro de los hogares? En los países pobres, 2.5 billones de personas utilizan la Biomasa (madera, desechos, estiércol) para cocinar o mantenerse caliente. El año pasado, el resultado de esta polución mató a 1.3 millones de estas personas, en su mayoría mujeres y niños. Sustituir el uso Biomasa por combustibles fósiles mejoraría drásticamente el estilo de vida de más de la tercera parte de la población mundial. Pero desafortunadamente no oímos en el Día de la Tierra a nadie promoviendo el uso de combustibles fósiles en los países pobres.

Con esto no se quiere decir que dejemos de lado la problemática asociada al calentamiento global. Efectivamente, ese problema existe y hay que hacer algo sobre eso. Pero en un mundo donde la mayoría de los países en desarrollo dependen  de los combustibles fósiles es un poco irreal insistir en que la única solución al problema es cortar drásticamente las emisiones de carbono. Este enfoque tuviese sentido si los países desarrollados ofrecieran a los países en desarrollo alternativas asequibles a los combustibles fósiles.  Pero mientras esto no suceda y se siga llamando a las reducción de emisiones de carbono, se le está pidiendo a los pobres del mundo que sigan viviendo una vida de miseria.

Entonces, ¿qué debemos hacer? No se puede esperar que la gente se preocupe por lo que sucederá con el ambiente de aquí a 100 años, cuando por ahora se preocupan por si sus hijos tienen suficiente para comer. Con esto en mente, debemos centrarnos en los problemas que enfrenta el mundo en estos días, problemas como la desnutrición, la educación, enfermedades y el agua potable. Al mismo tiempo, debemos tomar medidas significativas para garantizar que el futuro del mundo sea impulsado por la energía verde.

Mientras la electricidad procedente de fuentes sostenibles, como los paneles solares, sea 10 veces más costosa que la generada por combustible fósil o carbón, sólo los países ricos serán verdes (y sólo si existen subsidios del gobierno). Lo que tenemos que hacer es promover el tipo de avances tecnológicos necesarios para hacer los paneles solares más baratos que los combustibles fósiles. Una vez que se haya hecho esto, nadie tendrá que pedir que se renuncie al carbón y el petróleo como tipo de energía.

Sorprendentemente, estos objetivos parecen inalcanzables pero hay que hacerles frente. Usemos el Día de la Tierra para recordar la fragilidad del planeta,  así como también para celebrar nuestros éxitos ambientales y trazar un camino más razonable a través de los retos que siguen pendientes.

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